lunes, 12 de marzo de 2012

Entrevista con Heliodoro Dols

El arquitecto Heliodoro Dols Morell nació en Valencia, en 1933. Se tituló como arquitecto en la Escuela Superior de Arquitectura de Madrid en 1959. Es Doctor Arquitecto desde 1965 y diseñó su proyecto más representativo, el Santuario de Torreciudad (Barbastro, Huesca, España), entre 1969-1970. Desde entonces la mayor parte de su trabajo como arquitecto se ha desarrollado en Aragón, realizando, por ejemplo, la edificación y urbanismo de la plaza San Bruno, en colaboración con el arquitecto Fernando Torra. Hemos tenido la oportunidad de charlas varias veces con él en febrero de 2012, fruto de lo cual es la siguiente entrevista.


¿Qué es para ti la arquitectura?
Para mi arquitectura  es tratar de realizar lo que quiere un propietario para que pueda vivir en ella o utilizarla para lo que pueda necesitar, tratando de satisfacer todo lo que él quiere, pero hasta cierto punto: lo que el quiere o necesita, pero no como tiene que realizarse, me puede comentar sus gustos para que yo me compenetre con él, pero luego yo tengo que hacer arquitectura, entonces ¿qué es para mí arquitectura? Es realizar lo que se quiere o se necesita (funcionalidad) tratando de que no sea feo sino bello (estética).
        Por supuesto es la “caja” lo que se tiene que hacer, pero esa caja que es la arquitectura, no puede salir al revés, es decir pensando en una forma bella y posteriormente tratar de meter dentro todo lo que se necesita como si fuera un “corsé”. La función es antes que la estética. Yo cuando proyecto nunca sé lo que va a salir y posteriormente tratando de no sacrificar nunca la función, puedo variar su trayectoria pensando en la estética.
        No estoy en contra  de que alguno piense premeditadamente en una forma, pero esa forma debe ser elástica para poderla modificar si la función lo necesita, pero nunca modificar la función por la estética. Por lo tanto para mí la arquitectura consiste en cerrar unos espacios distribuidos funcionalmente, conjuntándolos de forma estética al materializarlos.

¿Por qué eres arquitecto?
Es difícil de contestar a esa pregunta. Yo te puedo decir que cuando tenía seis u ocho años salía de mi casa en Valencia con mi padre y enfrente estaban construyendo una casa. Yo le preguntaba a mi padre y él me fue explicando lo que era un arquitecto y todo lo relacionado con él, como salían las casas, las ciudades, las calles, había que hacer planos, etc. y me entusiasmó tanto que le contesté: “Cuando sea mayor seré arquitecto” y desde entonces ya no tuve ninguna duda.

¿Cuando estás diseñando, qué te tienta más: vanos o macizos?
Lo que salga. Si hemos dicho que lo importante es la función, los huecos serán grandes o pequeños según la luz necesaria o las vistas que se quieran conseguir o la superficie de frío y calor que se estime conveniente para conjugar las distintas estaciones del año. Los muros son lo que queda: el resto, puesto que los huecos son horadados en ellos.
        Yo prefiero lo que me sugiera la orientación, las vistas, el entorno…, posteriormente habrá que proporcionarlos estéticamente, de acuerdo con el lugar, el ambiente y con las diferentes plantas si tienen locales distintos para distribuirlos ordenada o desordenadamente pero con una idea de conjunto integradora para que no dé la sensación de ser un edificio con parches que pueda parecer que se ha modificado a través de los siglos por nuevas necesidades sin complicarse la vida ignorando el edificio dónde se actúa.

¿Te gustan las obras coherentes?
Por supuesto. Antiguamente la coherencia estaba entre la función, la estructura y las instalaciones. Actualmente todo se puede calcular y las instalaciones pueden llevarse por donde se quiera. Ahora la coherencia no reside en la relación entre función, estructura e instalaciones (mientras ninguna de las tres esté sacrificada por las otras, que sería mala arquitectura) la coherencia reside en la relación entre función y estética, ninguna de las dos puede condicionar a la otra y también la coherencia reside en el lugar donde se construye porque tiene que tener en cuenta el entorno, el ambiente, los edificios de alrededor.
No importa que sea original, pero no porque quiera destacar y buscar la originalidad por ella misma, sino como resultado de la idea que se tiene en el entorno que le rodea y la función que tiene que cumplir. Siempre gusta a los arquitectos que su edificio se singularice de alguna forma como consecuencia de la época en que se proyecta y el arquitecto que lo realiza, pero siempre en ese edificio tiene que dominar más que el autor y la originalidad, el deseo de completar y continuar, con el enriquecimiento de la idea y de la época en que se construye, todo el paisaje, entorno y lugar donde se necesita o se tiene.

¿Crees que el edificio que haces ahora en Zaragoza, a espaldas de la iglesia de la Santa Cruz, es coherente con la plaza?


Es un tema muy opinable. A primera vista comprendo que puedan decir que no porque está entre dos edificios construidos antiguamente con un claro orden de plantas superiores iguales ordenadamente con balcones y ventanas unas debajo de otras y ese orden y disposición se mantiene en la plaza baja incluida la puerta principal de entrada. En cambio, el edificio de Santa Cruz no tiene ningún orden preestablecido. Voy a explicarte por qué hice un edificio que no tenía nada que ver con el casco antiguo y que contrasta con los edificios adyacentes.
        Puedo decir que nunca me propuse hacer un edificio original y que destacara de todo lo existente alrededor. Al hacerme el encargo no pensé en el alzado, ese ya saldría al final, lo primero consistía en tratar de conseguir todo lo que necesitaba el cliente y ver si me cabía dentro de las ordenanzas existentes respetando sus prescripciones de número de plantas, posibles voladizos, altura máxima, etc. que exigían.
        Cuando ya estuve estudiando el funcionamiento interior y la caja que lo albergaba fue cuando traté de compenetrarme con el entorno para que estuviera de acuerdo con él. Esto, unido a los cambios que la propiedad me indicaba que variara en las plantas, hizo que salieran voladizos donde los necesitaba, traté hacer una logia superior como se prodiga en todo el casco antiguo, en la planta baja como todo eran locales de la iglesia traté de poner todos sus huecos ordenados y estrechos para que hubiera más dificultad en curiosear desde el exterior, pero en las plantas superiores todas eran distintas con habitaciones muy dispares, una sala de estar, despachos y un dormitorio en la planta primera, el comedor , oficio y otro dormitorio en la segunda  y dormitorios con sus aseos en la tercera, proyecté la ventanas lógicamente, en la sala de estar grandes con terraza por delante que le diera una cierta intimidad y en el resto las ventanas, siendo también los  huecos más grandes en el comedor con un balcón  con antepecho macizo, (también para que desde el exterior se curioseara lo menos posible). En el oficio logré que la ventilación diera a   un patio interior y le di luz  a todo lo largo de su estancia colocando un pavés entre los armarios altos y bajos.
        Dominó la funcionalidad de la planta y su iluminación. Al enfrentarme con su alzado en el casco antiguo lo único que pude hacer fue adaptarme a él construyendo la planta baja de piedra y el resto de las plantas en ladrillo respetando la logia superior aunque deformada debido a que se asentaba en las discontinuas plantas inferiores.
        Preferí independizarme del tradicional orden de huecos y macizos del casco antiguo que no sacrificar el funcionamiento e iluminación de su interior por el respeto a la arquitectura de tiempos anteriores. La arquitectura es viva y tiene que reflejar la época en que se construye y no condicionar su funcionamiento a un respeto mimético que minusvalorara las necesidades de la época en que se vive.
        La totalidad de los condicionantes muchas veces dificulta la máxima perfección que quisiera conseguir el arquitecto, ya que  pueden llegar a superar su limitación al tratar de integrarlos cuando otros arquitectos hubieran sabido hacerlo mucho mejor sin sacrificar nada.

¿Cada obra es singular, o crees que pueden ser extrapolables y repetidas?
Por todo lo que he dicho, si su singularidad estropea el entorno y conjunto que le rodea no me parece buena arquitectura y por tanto considero que si está bien concebida en el lugar donde se ha construido difícilmente será extrapolable, aunque puede ser singular, porque los lugares son todos diferentes y tienen condicionantes distintos a los que la arquitectura se tiene que adaptar.
        Si el principal objetivo del arquitecto es que su obra sea singular y que destaque de todas las demás, aunque cumpla con su función puede llegar a prescindir del lugar donde está situada que es el condicionante primordial, tanto si está en el campo como en una ciudad. No importa que se singularice o destaque, siempre que no moleste o su arbitrariedad condicione al conjunto y vida circundante.

¿Piensas que hay que construir con material local? ¿Prefieres, la piedra o el ladrillo?
No hemos hablado del condicionante mas importante en la arquitectura, que es el económico porque ese condiciona a todos, a la propiedad, al arquitecto, al aparejador y a la constructora. Ahora todo es caro y el transporte también, por lo tanto si se puede construir con material local será mejor que tenerlo que trasladar. La piedra es más cara que el ladrillo porque hay que trabajarla antes de ponerla.
        Estos son los condicionantes principales del material local y de la piedra o ladrillo. Pero no son condicionantes absolutos, estamos internacionalizados y por tanto interrelacionados, todo se puede hacer y todo se puede trasladar, por eso decíamos que el condicionante económico es el más importante y aunque anteriormente tratábamos de proyectar una arquitectura teniendo en cuanta el entorno y los materiales, ahora está todo permitido. No importa el material, ni que destaque, ahora lo que más se valora es la idea conjunta en su entorno y paisaje.

¿Por qué, pues, construiste Torreciudad en ladrillo?
Yo no sabía como tenía que hacerlo, necesitaba alguna referencia y estudié la arquitectura popular de aquella zona. Me dediqué a viajar por Navarra, Aragón y Lérida. La arquitectura no era singularmente característica de cada provincia y desde el Ebro al Pirineo vi que la arquitectura era similar en franjas horizontales: en el Pirineo, tanto estuviera en una región u otra la arquitectura era de piedra no solo los muros sino las lajas que cubrían la cubierta. Junto al Ebro la arquitectura era de ladrillo con tejas curvas cerámicas y la franja entre Ebro y los Pirineos que es el Somontano la arquitectura solía ser con la planta baja de piedra, el resto de ladrillo y las tejas cerámicas.
Torreciudad estaba en el Somontano y así se proyectó lógicamente porque en la parte baja donde puede subir la humedad del suelo, si se hiciera de ladrillo se estropearía. Pero en las plantas superiores, quizás por economía o por facilidad de la construcción, en otras épocas se utilizó el ladrillo y la teja cerámica y así se proyectó también Torreciudad.
Pero aún quedaba solucionar la iglesia porque al diseñarla y hacerla amplia yo me negaba a proyectarla como tradicionalmente se construían las grandes iglesias o catedrales, con tres naves separadas por columnas. Las columnas quitan mucha visibilidad hacia el Presbiterio y acababan transformándose en tres capillas cada una con su retablo. Estando en pleno siglo XX y como la Propiedad me había pedido que hiciera unas galerías superiores para ampliar su capacidad decidí proyectarlas sobre grandes voladizos de hormigón. Lógicamente la iglesia iba a ser de hormigón visto pero esto a la Propiedad no le gustó. Me habían insistido en que no querían una iglesia original, que llamara la atención por su singularidad rompiendo con toda la tradición y me pidieron que recubriera el hormigón.
La iglesia y sus grandes voladizos se hubieran podido recubrir con cualquier material, incluido el ladrillo, pero esos voladizos al hacerlos de revolución buscando huecos para poder entrar o que pudiera iluminar su interior con la luz del día, salieron entre los huecos unas columnas (que actualmente llaman setas) más estrechas por abajo y amplias en su parte superior cuyo revestimiento si se quería hacer de ladrillo era muy complicado. Así fueron saliendo los escalonamientos de ladrillo que recubría el hormigón de las setas siguiendo unas reglas que establecía pero me extendería demasiado explicándolas.
Y el ladrillo fue configurando el interior de la iglesia que al principio era pequeña y fue agrandándose a lo largo de todo el proyecto. Solo resumiré que ante tanto ladrillo y los numerosos escombros que iba a producir regularicé todo Torreciudad a módulo de 80 cm en el que si los ladrillos se colocaban a soga cabían tres, a tizón seis y a sardinel doce. Las escaleras también subían a módulo de ladrillo, cada dos escalones de 17,5 cm se correspondían con cinco hiladas de ladrillo y los forjados formados por viguetas separadas cada 80 cm también respetaban su modulación en altura. Si en Torreciudad se sigue una hilada de ladrillos en horizontal se puede recorrer todo el perímetro de las edificaciones y llegar a la misma hilada; los huecos de ventanas, miradores y puertas también respetaban su modulación tanto en horizontal como en vertical. De esta forma se rompían muchos menos ladrillos y cuantos menos escombros hubiera que trasladar o enterrar, mejor.

¿Qué problemas ves en la aplicación de conceptos urbanísticos en los cascos históricos?
Por supuesto el urbanismo es primordial en todos los lugares donde se piensa edificar, pero en los centros históricos hay que respetarlos y no condicionarlos. Generalmente están ya muy definidos y únicamente se podrá intervenir en una nueva urbanización si el solar es extenso o lo que se necesita derribar no tiene gran valor, pero siempre se tendrá que tener en cuenta el entorno y los edificios que lo rodean para revalorizarlos si son destacables o ocultarlos si no tienen gran valor y la urbanización del lugar mejora y facilita su acceso.
       
¿Cómo se aplica lo que dices en el caso de la plaza de San Bruno?


Si no te importa, me extenderé en esta respuesta. Me encontraba con un solar resultante entre fachadas secundarias o posteriores de edificios construidos en las parcelas que lo circundaban. Por un lado fachadas laterales del Palacio Episcopal y de la Basílica de La Seo, que se tendrían que respetar, por el otro las medianeras de unas viviendas que habría que tapar y al fondo el arco del Dean que convendría destacar. Dicha plaza estaba abierta al Ebro pero no llegaba hasta él porque la calle Echegaray circundaba por esa lado de la ciudad y se había convertido en una vía con bastante tránsito.
        Al principio pensé en una plaza rectangular cerrándola al tránsito rodado junto al Ebro y edificando frente a la pared lateral de La Seo un edificio paralelo a ella, al otro de la plaza y perpendicular a las viviendas que pensaba proyectar  mirando al Ebro, respetando la fachada lateral del Palacio Episcopal, la de la Basílica de La Seo y el Arco del Dean.
        Pero no solo había que pensar en la plaza, sino en su acceso a ella desde el Ebro, desde calles próximas que desembocaran en ella y como salida de las plazas del Pilar y La Seo. Desde el Ebro había que poder pasar a la plaza y por eso salió esa fachada con soportales para que algunos fueran diáfanos y se pudiera entrar a través de ellos.
        Al deambular por las calles que accedían a la plaza no parecía que desembocaran en un lugar cercano a tantos edificios importantes puesto que desde ellas lo único que se visualizaba al fondo eran unos murallones lisos que no decían nada al ciudadano que desconociera el lugar donde se encontraba. Esa fue la razón  de quebrar las calles para que el peatón que circulara por ellas antes de desembocar en la plaza, se pudiera extasiar viendo al fondo la torre de La Seo o por otra admirando su cimborrio. Y estas calles al quebrarse obligaron a que la plaza en vez de ser rectangular fuera trapezoidal.
        Los soportales que se abrían desde el Ebro se prodigaron también por la otra fachada para que el peatón que accedía a la plaza pudiera deambular por ella protegiéndose de la inclemencias del tiempo y para singularizar de alguna manera de alguna forma esa entrada o salida desde el Ebro o hacia él. Algunos soportales se elevaron haciéndose de mayor altura para que fachada no tuviera complejo de inferioridad junto a los muros de los importantes edificios que jalonaban las otras fachadas. Y en el pavimento que se había diseñado ordenadamente formando cuadrados, se reflejaron esos itinerarios variándolo con baldosas de distinto color para que marcaran claramente sus diferentes recorridos.
        He comentado como salió la plaza pero una vez concretada la disposición de los volúmenes y superficies había que estudiar cada vivienda y posteriormente cada fachada. Fachadas de ladrillo lógicamente por ser unas viviendas económicas pero en la planta baja un zócalo de piedra las preservaba de la humedad que podría ascender del subsuelo.
Pero en aquellos tiempos no había secadoras industriales, todo el mundo sacaba sus ropas a secar al exterior a través de las ventanas o balcones. No me gustaba todo este panorama de ropa interior expuesta a la mirada de los peatones y al pensar en unos tendederos salieron unos abombamientos curvos en las fachadas, cerrados con celosías formadas por los ladrillos cerámicos que las resguardaban de las vistas exteriores.
        La fachada que daba al Ebro era la continuación del Palacio Arzobispal que tenía una torre en el extremo más alejado. Parecía como si reclamara otra torre similar en el lado opuesto que lo rematara y dejara clara su separación con los edificios de viviendas que se iban a construir junto a él. Esa torre no es del Palacio aunque parezca por su simetría que forma parte de él, es de las viviendas pero sirve como gozne o charnela que separando, une toda la fachada.
Y también de esa forma salió la plaza, como gozne o charnela entre un barrio de viviendas del casco antiguo y la plaza principal de Zaragoza con monumentos de gran valor histórico artístico, para dignificar ese retal sobrante de la parte posterior de esas dos  zonas de la antigua ciudad de Zaragoza que se iba configurando a través de los siglos.

¿Qué intereses crees que deben tenerse en cuenta en las reformas necesarias de edificios antiguos?
Sobre todo el respeto a la historia y a lo que hicieron nuestros antepasados, no sólo no destruyéndolo sino a ser posible valorándolo. Pero la vida es más importante que el recuerdo y si hay unas necesidades tendrán que poder cumplirse pensando y adaptándose en todo lo posible para añadir, ampliar o modificar lo existente, tratando de no eliminarlo que es lo más fácil y sencillo. Afortunadamente existen unas Comisiones de Patrimonio que velan porque no se destruyan los vestigios del pasado si son historia y sobre todo si tienen algún valor.
Pero toda obra nueva debe compenetrarse con la causa y razón de su existir y si es ampliación, añadido o reforma de lo existente no solo tiene que reflejar el espíritu de esa nueva época en que se construye, sino manifestar como le ha podido influir su unión con lo anterior, porque se hubiera proyectado de distinta forma si hubiera estado en otro lugar diferente. Buscar una unidad de todo lo edificado a través de los siglos porque aunque el espíritu de cada uno de ellos puede ser distinto, su actuación es sobre el mismo edificio, una cosa es que se mejore, reforme o amplíe y otra que se llene de parches como retales añadidos que empobrezcan el edificio en lugar de enriquecerlo.
        Cuando me encargaron un salón de actos en la parte posterior de la iglesia de Santa Engracia, aunque era un nuevo edificio adosado traté de alguna forma reflejar su unión con ella. Continué las mismas hiladas de ladrillo marcadas en las esquinas traseras de la iglesia, continuándolas y como el programa de lo que me exigían me dejaba en la parte superior la fachada lisa y ciega del resto de la pared posterior de la iglesia, traté de embellecerla proyectando un cimborrio como tenían muchas iglesias antiguas, pero este cimborrio no tenía razón de ser  porque no albergaba ninguna funcionalidad y por eso salió diáfano al aire libre queriendo enriquecer esa fachada posterior con intención de no ocultarla sino de completarla pretendiendo embellecerla aunque sentí no conseguir un ladrillo de la misma textura y color que hubiera encarecido enormemente el presupuesto.
        El tiempo los irá unificando, porque aunque había separado el nuevo edificio del construido, con un entrante  para marcar la ampliación como añadido posterior, en vez de lograr que pareciera una continuación de la iglesia, la diferente textura y color lo ha perjudicado marcando más claramente el añadido posterior como un edificio independiente.


Para una lista de la obra arquitectónica de Dols, véase:
http://es.wikipedia.org/wiki/Heliodoro_Dols

Su concepción arquitectónica de Torreciudad en:
VV. AA.: Torreciudad. Rialp, Madrid, 1988, pp. 74-100.

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